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En la newsletter de hoy vamos a ver:
¿Democracia o dictadura?
El ejecutivo del ejecutivo
Parlamentos: una cámara, dos cámaras y quién controla a quién
No todas las elecciones son iguales
Estados unitarios, federales y confederales: ¿Cómo se reparte el poder dentro de un país?
Partidos políticos: bipartidismo, multipartidismo y partido único
Y una recomendación
Todos los países tienen gobiernos, leyes, jueces, parlamentos y personas que toman decisiones. Pero la forma en la que se reparte todo ese poder puede ser completamente diferente dependiendo del país.
Una de las claves para entender estas diferencias es la famosa separación de poderes. Simplificando mucho, el Legislativo crea y aprueba las leyes, el Ejecutivo gobierna y las aplica, y el Judicial interpreta esas leyes y resuelve los conflictos. En muchas democracias, además, estos poderes están diseñados para controlarse unos a otros y evitar que una única persona o institución pueda acumular demasiado poder.
Pero… ¡Vamos al lío!
👑 Democracia o dictadura👑
A priori parece sencillo. Un país celebra elecciones y sus ciudadanos pueden elegir a sus gobernantes: democracia. Un señor con malas pulgas se hace con el poder, elimina a sus rivales y gobierna hasta que muere o alguien lo echa: dictadura.
Pues resulta que la realidad es bastante más complicada.
Hoy muchísimas dictaduras celebran elecciones. De hecho, algunas celebran más elecciones que muchas democracias. Pero claro, la diferencia está en si existe una posibilidad real de que quienes gobiernan pierdan el poder. En Memorias de Pez nos acordamos mucho de la última victoria electoral de Paul Kagame en Ruanda con un sospechoso 99% de los votos.
Para considerar democrático un sistema no basta con meter una papeleta en una urna: hacen falta:
(1) Elecciones suficientemente libres y competitivas
(2) Oposición política real
(3) Libertad de expresión y asociación
(4) Unas instituciones capaces de limitar a quienes gobiernan.
🟢 Democracias. En países como Noruega o Alemania, distintos partidos pueden presentarse a las elecciones, la oposición puede ganar y los gobernantes pueden ser expulsados del poder mediante las urnas. Además, existen tribunales, derechos políticos y civiles y diferentes instituciones que limitan la capacidad del Gobierno. V-Dem (y otros índices de calidad democrática) clasifican actualmente a ambos países como democracias liberales.
Pero incluso dentro de las democracias existen diferencias. Una democracia electoral garantiza elecciones multipartidistas y competitivas, pero no cuenta con contrapesos institucionales fuertes, protección de derechos individuales, Estado de derecho o independencia judicial. Un ejemplo podría ser Colombia o Argentina, donde el Estado de derecho es débil y la calidad de las instituciones cuestionable.
Es decir: existen diferentes grados y formas de democracia.
🔴 Autocracias. En el otro extremo encontramos sistemas donde la población no puede sustituir realmente a sus gobernantes mediante unas elecciones libres y competitivas. Y tampoco todas funcionan igual.
China, por ejemplo, es un régimen de partido único dirigido por el Partido Comunista de China. Existen instituciones, elecciones en determinados niveles y otros pequeños partidos legalmente reconocidos, pero no existe una competición nacional que permita a una oposición independiente arrebatar el poder al Partido. En este caso, podemos hablar de autocracias cerradas.
Arabia Saudí representa otro modelo completamente diferente: una monarquía absoluta donde la familia Al Saud concentra el poder político y no existen elecciones nacionales para elegir al Gobierno.
Y después tenemos casos como Rusia, donde sí se celebran elecciones y existen formalmente varios partidos, pero la competición está enormemente desequilibrada: el Kremlin controla gran parte del sistema político, reprime a la oposición genuina y limita fuertemente los medios independientes. Por eso podríamos ubicarla dentro de las autocracias electorales.
Actualmente tres de cada cuatro personas del planeta viven actualmente en algún tipo de autocracia.
🟡 Países en transición. Estas categorías tampoco son permanentes: algunos países pueden avanzar o retroceder entre ellas.
Estados Unidos, una democracia electoral, atraviesa un proceso de autocratización y si la deriva continúa, es probable que se convierta en una autocracia electoral. En sentido contrario, Brasil lleva varios años recuperando calidad democrática después del fuerte deterioro institucional experimentado durante la presidencia de Jair Bolsonaro. Es decir, las democracias pueden degradarse, pero también pueden revertir ese proceso y democratizarse de nuevo.
Y ojo porque hay una última cosa importante: ser una monarquía o una república no nos dice si un país es democrático. España es una monarquía y una democracia, pero el jefe del Estado tiene un papel testimonial y los grandes poderes son escogidos por el pueblo; China es una república y una autocracia. Lo mismo ocurre con tener presidente, Parlamento o elecciones.
🎩 El ejecutivo del ejecutivo
Antes de empezar, una aclaración importante: presidente y primer ministro no significan exactamente lo mismo.
Un primer ministro es normalmente la persona que dirige el Gobierno en un sistema parlamentario y necesita el apoyo del Parlamento.
Un presidente, en cambio, puede ser simplemente el jefe del Estado —como en Alemania— o dirigir también el Gobierno —como en Estados Unidos—. Y sí: el presidente del Gobierno español funciona básicamente como un primer ministro, aunque aquí utilicemos otro nombre.
Por otra parte, ha de quedar claro que el jefe del Estado es la persona que representa jurídicamente y simbólicamente al Estado en su conjunto. No implica necesariamente gobernar el país.
Simplificando mucho, existen tres grandes formas de organizar el poder ejecutivo.
🇺🇸 Presidencialismo. En países como Estados Unidos o Argentina, el presidente es al mismo tiempo jefe del Estado y jefe del Gobierno. Los ciudadanos lo eligen independientemente del Parlamento y durante su mandato no necesita mantener la confianza de una mayoría parlamentaria para seguir gobernando. Esto separa bastante claramente Ejecutivo y Legislativo.
🇪🇸 Parlamentarismo. En países como España o Alemania, los ciudadanos eligen al Parlamento y es este quien determina posteriormente quién dirige el Gobierno. En España, el Congreso inviste al presidente del Gobierno; en Alemania, el Bundestag elige al canciller. Además, existe un jefe del Estado diferente —el rey en España y el presidente federal en Alemania— con funciones mucho más limitadas. Si el Gobierno pierde el apoyo parlamentario necesario, puede acabar cayendo.
🇫🇷 Semipresidencialismo. Y después tenemos sistemas como Francia, que mezclan ambas cosas. Los ciudadanos eligen directamente a un presidente con poderes importantes, pero también existe un primer ministro que dirige el Gobierno y responde ante el Parlamento. Incluso puede ocurrir que presidente y primer ministro pertenezcan a partidos diferentes: es lo que los franceses llaman cohabitación.
📜Una cámara, dos cámaras…
Ya sabemos quién gobierna. Ahora toca conocer a quienes, en teoría, ponen límites al Gobierno y hacen las leyes: los parlamentos.
¿Cómo se clasifican?:
1️⃣ Parlamentos unicamerales. Son los más sencillos: existe una única cámara que aprueba las leyes. Costa Rica, por ejemplo, tiene una Asamblea Legislativa formada por 57 diputados. También utilizan sistemas unicamerales países como Portugal o Nueva Zelanda.
2️⃣ Parlamentos bicamerales. Otros países dividen el Legislativo en dos cámaras, normalmente una cámara baja y una cámara alta. La primera suele representar directamente a la población, mientras que la segunda muchas veces sirve para representar a los territorios o introducir un segundo filtro antes de aprobar las leyes.
En España tenemos el Congreso de los Diputados y el Senado. En Estados Unidos, la Cámara de Representantes y el Senado. Y en América Latina encontramos muchos otros ejemplos: México tiene Cámara de Diputados y Senado, mientras que Argentina tiene Cámara de Diputados y Senado, con este último diseñado además para representar a las provincias en igualdad de condiciones.
Pero ojo: tener dos cámaras no significa que ambas tengan el mismo poder. El Senado estadounidense es enormemente poderoso; en España, en cambio, el Congreso tiene bastante más peso y puede superar muchas de las objeciones del Senado.
Y aquí volvemos al apartado anterior. En un sistema parlamentario, como España, el Parlamento puede determinar quién gobierna e incluso derribar al Ejecutivo mediante mecanismos como una moción de censura. En un sistema presidencial, como Estados Unidos, México o Argentina, presidente y Parlamento son elegidos por separado, por lo que el Legislativo no puede simplemente retirar su confianza al presidente y sustituirlo como ocurre en un sistema parlamentario.
🤯 ¿Y parlamentos de tres cámaras? Sí, han existido. Durante el apartheid, Sudáfrica creó en 1984 un Parlamento tricameral con una cámara para blancos, otra para la población clasificada como mestiza y otra para la población india. La mayoría negra africana, sin embargo, quedó completamente excluida del sistema, por lo que aquella reforma no democratizó realmente el país: simplemente reorganizó la representación dentro del propio apartheid.
🗳️No todas las elecciones son iguales
Ya sabemos cómo pueden organizarse los poderes ejecutivo y legislativo. Ahora viene la siguiente pregunta: ¿cómo elegimos a las personas que ocupan esas instituciones y cómo se transforman nuestros votos en poder político?
🥇 Sistemas mayoritarios: gana el primero. El ejemplo clásico es el Reino Unido. El territorio se divide en 650 circunscripciones y cada una elige un diputado: quien obtiene más votos se lleva el escaño, aunque solamente consiga un 35 % o un 40 %. Esto puede provocar que un partido obtenga millones de votos en todo el país pero muy pocos diputados si nunca consigue quedar primero.
⚖️ Sistemas proporcionales: tantos votos, tantos representantes. El objetivo aquí es que el Parlamento refleje mejor el porcentaje de votos recibido por cada partido. España pertenece a esta familia: cada provincia reparte varios diputados y utiliza el método D’Hondt para distribuirlos entre los partidos (os dejamos video abajo explicando este sistema). Eso sí, como los escaños se reparten provincia por provincia, el resultado nacional nunca es perfectamente proporcional.
🧩 Sistemas mixtos: un poquito de cada. Alemania intenta combinar representación territorial y proporcionalidad. Cada ciudadano dispone de dos votos: uno para elegir a un candidato de su circunscripción y otro para elegir un partido. Este segundo voto es el decisivo para determinar qué porcentaje de los 630 escaños corresponde a cada formación.
Las elecciones presidenciales también pueden funcionar de maneras muy distintas. México elige a su presidente por mayoría relativa: básicamente gana quien obtiene más votos. Argentina, en cambio, utiliza un peculiar sistema de doble vuelta: un candidato gana en primera vuelta si supera el 45 % de los votos o alcanza al menos el 40 % y aventaja en más de diez puntos al segundo. Si no, los dos primeros pasan al balotaje.
Y todavía existen sistemas más peculiares: voto preferencial, listas abiertas o cerradas, elecciones indirectas como el Colegio Electoral estadounidense...
Oye pero… ¿Quién elige a los jueces?
Aquí también existen modelos muy diferentes. En Reino Unido, buena parte de los jueces son seleccionados mediante una comisión independiente de nombramientos judiciales, diseñada precisamente para reducir la influencia directa de los partidos políticos.
En Colombia, en cambio, los magistrados de la Corte Constitucional son elegidos por el Senado a partir de ternas propuestas por distintas instituciones del Estado. Y en Italia existe un sistema mixto: la mayoría de los jueces ordinarios acceden mediante procedimientos profesionales, mientras que los miembros del Tribunal Constitucional son designados por distintos poderes para evitar que una sola institución controle su composición.
El problema de fondo siempre es el mismo: los jueces deben ser independientes del poder político, pero alguien tiene que decidir quién llega a ser juez.
🗺️ ¿Cómo se organizan los Estados?
Hasta ahora hemos hablado de quién gobierna. Pero queda otra pregunta: ¿desde dónde se gobierna?
🇫🇷 Estados unitarios. La mayor parte del poder político parte de un Gobierno central, aunque pueda ceder competencias a regiones o municipios. Francia, Portugal o Chile son ejemplos de este modelo.
🇩🇪 Estados federales. El poder se reparte constitucionalmente entre el Gobierno federal y distintos territorios con autonomía propia. Es el caso de Alemania, México, Brasil o Argentina, donde estados o provincias poseen competencias que el Gobierno central no puede eliminar simplemente por decisión propia.
🇪🇸 Y luego existen modelos intermedios. España no es formalmente una federación, pero sus comunidades autónomas gestionan ámbitos tan importantes como sanidad o educación, por lo que es uno de los Estados unitarios más descentralizados del mundo.
Las confederaciones, donde varios Estados soberanos delegan algunas competencias en instituciones comunes pero conservan gran parte de su independencia, son hoy muy poco habituales. Históricamente, Estados Unidos funcionó de esta manera antes de aprobar su Constitución federal en 1787.
🎭 Partidos políticos
Por último, tampoco en todos los países compite el mismo número de partidos. Y esto depende tanto de las leyes como del sistema electoral que acabamos de ver.
2️⃣ Bipartidismo. En países como Estados Unidos, aunque existen más formaciones, la política está dominada casi completamente por dos grandes partidos: el Demócrata y el Republicano. Los sistemas mayoritarios suelen favorecer este tipo de concentración porque dificultan que los partidos pequeños consigan representación.
🎨 Multipartidismo. En países como España, Alemania o Países Bajos, varios partidos pueden conseguir representación y tener posibilidades reales de entrar en el Gobierno. Los sistemas proporcionales suelen favorecer estos modelos y hacen mucho más habituales las coaliciones entre diferentes formaciones.
1️⃣ Partido único. En países como China, Cuba o Vietnam, un único partido controla el sistema político y no existe una competición electoral que permita a otro partido sustituirlo en el poder. Pueden existir elecciones e incluso candidatos diferentes, pero no una verdadera alternancia entre partidos.
Y todavía existen sistemas de partido dominante, donde hay elecciones y oposición, pero una misma formación consigue mantenerse en el poder durante décadas. El PRI mexicano, que gobernó México de manera ininterrumpida durante 71 años en el siglo XX, es uno de los ejemplos históricos más famosos.
¡Y una recomendación!
Este es uno de los vídeos que más veces he visto en YouTube y pertenece a uno de los canales que más influyeron en la creación de Memorias de Pez. Explica de forma tremendamente sencilla cómo funcionan las elecciones, el voto y sistemas de reparto como la ley D’Hondt. Si alguna vez os habéis preguntado qué ocurre realmente con vuestro voto después de meterlo en la urna, merece muchísimo la pena.







