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En la newsletter de hoy vamos a ver:
¿De quién es el Ártico?
El Ártico se derrite
La nueva autopista del mundo
La geopolítica del Ártico: Rusia y China
¿Qué pasa con Groenlandia?
Y una recomendación
¿De quién es el Ártico?
Un ejercicio muy útil para entender cómo funciona la geopolítica consiste en cambiar el punto desde el que miramos el globo. Una forma de hacerlo es utilizar una proyección estereográfica, colocando en el centro del mapa cualquier lugar del planeta que queramos analizar.
«Pero ¿por qué me cuentas esta milonga?», diréis. Pues porque hoy vamos a hablar del Ártico, y la mejor forma de entenderlo es cambiando el punto de vista
Bajo buena parte de ese hielo hay un océano y alrededor encontramos territorios pertenecientes a distintos países. Oficialmente se suele hablar de ocho Estados árticos: Canadá, Dinamarca —a través de Groenlandia—, Estados Unidos, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia y Suecia. Son también los ocho miembros del Consejo Ártico, el principal foro de cooperación de la región.
Ahora bien, solamente cinco de ellos tienen costas directamente sobre el océano Ártico: Rusia, Canadá, Estados Unidos, Noruega y Dinamarca a través de Groenlandia. Y son estos cinco países los que concentran buena parte de las discusiones sobre las aguas y el fondo marino del Ártico.
Cada uno controla su mar territorial y dispone de una Zona Económica Exclusiva de hasta 200 millas náuticas, donde tiene derechos sobre recursos como la pesca, el petróleo o el gas.
Más allá de esas 200 millas empieza lo interesante. Los países pueden reclamar derechos sobre partes adicionales del fondo marino si demuestran que forman parte de la prolongación natural de su plataforma continental. Vamos, que a estos países les interesa pagar bien a sus geólogos.
Por esta misma razón, Rusia, Canadá y Dinamarca han presentado reclamaciones superpuestas alrededor de la dorsal de Lomonósov, una enorme cordillera submarina que atraviesa el océano y pasa cerca del Polo Norte.
Y aquí está la clave: el Polo Norte no pertenece actualmente a ningún país. Incluso si un Estado consigue derechos sobre el fondo marino situado debajo, las aguas que hay encima pueden seguir siendo internacionales.
El Ártico se derrite
Esto lo sabe todo el mundo. ¿Verdad?. El Ártico se está calentando mucho más rápido que el conjunto del planeta. Entre octubre de 2024 y septiembre de 2025 registró las temperaturas más altas desde que comenzaron los registros en 1900, y los últimos diez años han sido los diez más cálidos de la serie.
Una de las razones es la llamada amplificación ártica. La nieve y el hielo reflejan parte de la radiación solar. Cuando desaparecen dejan al descubierto superficies más oscuras, especialmente el océano, que absorben más energía y se calientan. Ese calor favorece a su vez que desaparezca todavía más hielo.
El hielo marino ha disminuido muchísimo. En marzo de 2025 alcanzó la menor extensión máxima registrada desde que comenzaron las observaciones por satélite en 1979. Además, el hielo más antiguo y grueso —el que lleva más de cuatro años sobreviviendo a los veranos— se ha reducido en más de un 95 % desde la década de 1980.
Pero cuidado con una confusión habitual: el Ártico no se está quedando simplemente “sin hielo” de forma lineal. Cada invierno el océano vuelve a congelarse y cada verano vuelve a perder hielo. Lo que está cambiando es su extensión, grosor, edad y duración: el hielo actual es mucho más joven y fino y la temporada de deshielo comienza antes.
Además, hay que distinguir el hielo marino de la capa de hielo de Groenlandia. El primero ya está flotando y su fusión apenas modifica directamente el nivel del mar. Groenlandia, en cambio, contiene hielo situado sobre tierra firme, por lo que su pérdida sí contribuye a elevar los océanos.
Y aquí aparece la parte geopolítica. Menos hielo significa que algunas zonas del océano pueden permanecer navegables durante más tiempo, facilitando el acceso a rutas marítimas, pesquerías y recursos que hace unas décadas eran mucho más difíciles de alcanzar.
Vale… el planeta se está calentando y eso nos va a generar muchas oportunidades, pero aún más problemas. Y ¿nosotros podemos hacer algo para frenar el calentamiento ?.
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La nueva autopista del mundo
El cambio climático está haciendo posible algo que durante siglos fue una obsesión de todos los exploradores: conectar los océanos Atlántico y Pacífico atravesando el Ártico. Ojito con esto porque alguno podría ahorrarse un dineral si se consigue un atajo frente al viaje por el canal de Suez.
La Ruta Marítima del Norte recorre la costa septentrional de Rusia y conecta el estrecho de Bering con los mares europeos. Es, con diferencia, la ruta ártica más desarrollada y puede reducir hasta alrededor de un 40 % la distancia de determinados trayectos entre Europa y Asia frente al recorrido por Suez.
Al otro lado encontramos el Paso del Noroeste, una serie de canales que atraviesan el archipiélago ártico canadiense. Permite conectar Atlántico y Pacífico bordeando Norteamérica por arriba, aunque sus estrechos, aguas poco profundas y condiciones de hielo hacen mucho más complicada la navegación comercial.
También tenemos la Arctic Bridge Route. Es una ruta estacional que no atraviesa todo el Ártico entre el Atlántico y el Pacífico, sino que funciona como un “puente” marítimo entre Eurasia y el centro de Norteamérica. Su atractivo está en que conecta las vías ferroviarias canadienses y europeas.
El Paso del Noreste es la gran ruta histórica que comunica el Atlántico con el Pacífico. Aquí hay una confusión habitual: el Paso del Noreste y la Ruta Marítima del Norte no son exactamente lo mismo. La Ruta Marítima del Norte es la parte rusa principal del Paso del Noreste, el Paso del Noreste es más amplio, incluye el mar de Barents y permite prolongar la conexión hacia puertos atlánticos.
Y después está la Ruta Transpolar, la más directa de todas: atravesar el océano Ártico central pasando aproximadamente por el entorno del Polo Norte. Por ahora es más una ruta de futuro que una gran vía comercial, pero la reducción del hielo podría hacerla navegable durante temporadas cada vez más largas a lo largo de este siglo.
El tráfico en estas áreas ya está creciendo. En 2025 entraron 1.812 barcos diferentes en la zona ártica regulada por el Código Polar, un 40 % más que en 2013. La distancia total recorrida por los barcos prácticamente se duplicó durante ese mismo periodo. Eso sí, todavía estamos muy lejos de una nueva Suez. Gran parte de esos barcos son pesqueros o buques que transportan materias primas desde puertos árticos.
La “Guerra Fría literal”
Rusia frente a una OTAN cada vez más ártica
Si hay un país para el que el Ártico es fundamental, ese es Rusia. Posee miles de kilómetros de costa ártica, controla la mayor parte de la Ruta Marítima del Norte y lleva años reforzando su presencia militar en la región.
El corazón militar del Ártico ruso está en la península de Kola, junto a Noruega y Finlandia. Allí se encuentra buena parte de la Flota del Norte y de los submarinos nucleares que forman parte de la capacidad de disuasión nuclear rusa. Por eso Moscú considera el mar de Barents y sus accesos una zona especialmente sensible.
Durante las últimas décadas, Rusia ha recuperado antiguas instalaciones soviéticas y construido o modernizado bases, radares, aeródromos y sistemas de defensa aérea a lo largo de su costa septentrional. Parte de este despliegue sirve también para proteger la Ruta Marítima del Norte.
El gran cambio llegó con la guerra de Ucrania. Finlandia entró en la OTAN en 2023 y Suecia en 2024, así que ahora siete de los ocho Estados árticos pertenecen a la Alianza. Rusia es el único que queda fuera. Además, la OTAN ha aumentado sus ejercicios y estructuras en la zona y en 2026 lanzó Arctic Sentry, una iniciativa específica para coordinar mejor su presencia en el Ártico y el Alto Norte. En junio de 2026 comenzó además a operar una fuerza terrestre multinacional de la OTAN en Finlandia, liderada por Suecia. La Alianza también ha creado un centro de operaciones aéreas en Bodø, en el norte de Noruega, para controlar mejor el espacio aéreo de la región.
Bases de la OTAN vs instalaciones militares rusas en el Ártico. Fuente: CSIS research and analysis.
Espera… ¿Qué pinta China en el Ártico?
China no tiene territorio dentro del Ártico, pero quiere estar en cualquier sarao. En el año 2018 publicó por primera vez una política oficial para el Ártico y se definió a sí misma como un “Estado cercano al Ártico”. Para que os hagáis una idea… el punto más cercano al Ártico de China está igual de cerca que Madrid de Moscú.
La puerta de entrada china ha sido la ciencia. Pekín realiza expediciones árticas desde hace décadas, mantiene estaciones de investigación y dispone de rompehielos científicos como el Xuelong 2. En 2025 llevó a cabo su mayor expedición científica hasta entonces, con cuatro buques trabajando en el océano Ártico.
Desde 2013 China es país observador del Consejo Ártico. Puede participar en sus trabajos, aunque las decisiones corresponden a los ocho Estados árticos y a las organizaciones indígenas que participan en el Consejo.
Los miembros del Consejo Ártico (azul oscuro) y los miembros observadores (azul claro)
¿Qué pinta España como miembro observador del Consejo Ártico?.
Pues estamos ahí gracias al prestigio y la trayectoria de nuestras investigaciones científicas polares y a nuestra participación activa en la protección del medio ambiente y los océanos.
Su gran proyecto es la llamada Ruta de la Seda Polar. China quiere integrar las rutas marítimas árticas dentro de su estrategia comercial y participar en la construcción de puertos, infraestructuras y servicios que permitan aumentar el tráfico entre Asia y Europa.
A China también le interesan los recursos energéticos, minerales y pesqueros de la región. El propio documento estratégico de 2018 contempla la participación de empresas chinas en proyectos de petróleo, gas y minería, siempre mediante acuerdos con los Estados que poseen esos recursos.
¿Cómo se organizan los Estados?
Con más de 2 millones de km² y apenas 57.000 habitantes, Groenlandia ocupa una posición privilegiada entre América del Norte, Europa y el océano Ártico. Y por eso cada vez aparece más en las disputas entre las grandes potencias.
Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca, pero disfruta de un amplísimo autogobierno. Tiene Parlamento y Gobierno propios y controla ámbitos como la pesca, los impuestos y sus recursos naturales. Dinamarca conserva competencias importantes en política exterior, defensa y seguridad.
Además, aunque parece que estamos lejos de ello, Groenlandia podría llegar a independizarse. La Ley de Autogobierno de 2009 reconoce expresamente el derecho de autodeterminación de los groenlandeses y establece el procedimiento para negociar una eventual independencia.
Estados Unidos lleva décadas presente en la isla. En el noroeste se encuentra la Base Espacial de Pituffik, antigua base aérea de Thule, fundamental para la alerta temprana frente a misiles y para la vigilancia del espacio y del Ártico.
También hay mucho interés por lo que hay bajo tierra. Groenlandia posee importantes depósitos de tierras raras, zinc, cobre, grafito y otros minerales críticos, aunque explotarlos sigue siendo caro y complicado por el clima, las distancias y la falta de infraestructuras.
Podéis consultar este y más mapas en la web de DESCIFRANDO LA GUERRA
Y aquí entra Donald Trump. Durante su segundo mandato ha insistido repetidamente en que Estados Unidos debería controlar Groenlandia por razones de seguridad nacional. En julio de 2026 volvió a afirmar que la isla debería estar bajo control estadounidense, algo rechazado tanto por Dinamarca como por el Gobierno groenlandés. Os dejamos este vídeo de Memorias de Pez por si queréis entender mejor todo lo que hay detrás de los anhelos de “La Veleta Naranja”.
¡Y una recomendación!
Para terminar os recomendamos El Ártico desde la ventana de un zepelín, de Arthur Koestler.
En 1931, el mítico Graf Zeppelin emprendió una expedición de unos 11.000 kilómetros hacia el círculo polar ártico para realizar observaciones meteorológicas y cartográficas. Entre sus pasajeros viajaba un jovencísimo Arthur Koestler, enviado como periodista para contar la aventura al gran público.
Esta recomendación es una forma estupenda de cerrar esta newsletter viendo cómo se contemplaba la región casi un siglo antes de convertirse en uno de los grandes tableros geopolíticos del siglo XXI.














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